The stuff dreams are made of…

Interior. Una enorme limousina negra. Dia. Lo he dicho antes, y lo sostengo: la ciudad de Los Angeles no es más que un enorme set de cine. Y va un ejemplo. Como todos saben, todo restorán en Hollywood es atendido por un ejército de histriones en ciernes, quienes apuestan su big break a su mejor representación de las actividades que realiza un mesero de verdad. Así, cada mano levantada a la distancia es un casting; cada mesa atendida una audición. Y, cada propina, un recordatorio de que los cheques de ocho cifras tardarás aún en llegar.

Así, entre actores que la hacen de meseros y guionistas que atienden de incógnito en la Borders, todos los estereotipos imaginados por Hollywood pueblan las fantasías de esta la proverbial fábrica de sueños.

Por supuesto, el sueño invariablemente acaba por esfumarse. Y no dejo de sentirme sorprendido cuando Jim, el simpático chofer de ojos rasgados que han mandado a recogerme, me confiesa que antes de mudarse a LA vivía en la ciudad de St. Louis, Missouri y no en Hiroshima, en Osaka o, ya muy de perdida, en el barrio chino de Nueva York.

Made in Japan? Not quite.

Y sin embargo, y de acuerdo al papel que le ha tocado interpretar, Jim resulta ser tan entrañable como cualquier personaje secundario de los que el cine aquí suele reservar para las minorías étnicas. Hagan de cuenta el negrito en Die Hard que pasa al aereopuerto por John McClane. Un hombre de unos cincuenta años, chaparrito y de cabello cano y que bien podría haber sido interpretado por “Pat” Morita, mi chofer habla en un inglés más bien masticado—algo aún más gracioso porque Jim tiene la curiosa costumbre de repetir, palabra por palabra, cada pregunta que le hago.

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El caso es que es el buen Jim ha de haber pensado que yo también era un personaje pergeñado por algún guionista en Hollywood porque, al preguntarme a qué me dedicaba, mi inglés más bien latino y toda la escenografía a nuestro alrededor habrían de confabularse para re-bautizarme con un nombre como el que sólo se le ocurriría a Robert Rodríguez, para ponérselo a Banderas en alguna nueva saga kitsch.

JIM
(en inglés masticado)
Señol Plemiele??

YO
No, Cine Premiere. The
magazine is called CINE
Premiere.

JIM
(en inglés masticado)
SEÑOL Plemiele??

Corte a un insert de la copia de Cine Premiere que tuve que enseñarle para que entendiera de qué le estaba yo hablando. Y sin embargo, pienso ahora que el buen Jim no andaba tan errado—digo, al personaje del chofer simpático siempre le toca compartir algún importante insight con el protagonista en sus cinco minutos de tiempo en pantalla, una reflexión sobre la vida que al final resulta ser tan clara como el dia—. Era precisamente una premiere de prensa lo que este “señor” se disponía a cubrir para la mencionada revista: un sneak preview de Pirates of the Caribbean: At World’s End que tendría lugar en los estudios de la 20th Century Fox en Los Angeles. Corte a:

Exterior. Fox Studios. Dia. Y ahí estaba yo, en el corazón mismo de la fábrica de sueños, soñando despierto. A mi izquierda, el set de las calles de Nueva York en que se filmara NYPD Blue; al fondo, pintada sobre el enorme muro de uno de los foros, la climática batalla entre Luke Skywalker y Darth Vader que concluye The Empire Strikes Back. Jerry Bruckheimer en persona nos conduce hasta una de las muchas islas de edición—hay varios cientos de ellas, repartidas a lo largo y ancho del lote—, donde el editor Steve Rivkin nos espera para mostrarnos un avance de la película. A dream come true, indeed.

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Y es entonces, cuando toca el turno de presentarnos, y los colegas me miran esperando escuchar mi nombre, que estoy a punto de decir:

YO
Señor Premiere. Call
me Señor Premiere.

Fade out.

2 Responses to “The stuff dreams are made of…”

  1. Exacto!! (“This is my first time driving a limo.” / “It’s ok: it’s my first time driving one.”)

  2. Perdón: ”This is my first time driving a limo.” / “It’s ok: it’s my first time RIDING one.”

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