1984. Casa de los abuelos, colonia Narvarte.
Posted on June 13th, 2007 at 3:29 am by Haunted Heart

Muchos hemos pensado que desdé que uno entra a un lugar empieza a tener ese sentimiento de que algo no anda bien ahí. Puede definirse como –energía-, miedo, incomodidad, frío o escalofrío. Lo cierto, es que uno de los lugares que más amaba para estar era la casa de mis abuelos, y la verdad es que mi sentimiento puede ser contradictorio cuando sepan muchas de las cosas que ahí me pasaron.

La casa de mis abuelos para mi significó -y significa- el lugar en donde pasé los momentos más lindos de mi infancia y vida, tal vez esos pesaron más que llegar a ver cosas raras en las habitaciones.

Saliendo de la escuela, mi abuelo pasaba por nosotros –mi hermano menor y yo- y nos llevaba a su casa. Comíamos, hacíamos a regañadientes la tarea y jugábamos la mayoría de las veces. Cuando mis abuelos estaban en los cuartos conmigo me sentía muy segura y tranquila, pero si yo entraba sola empezaba a sentir mucho escalofrió y miedo. Sentía como si el día se nublara y cambiara de estación. Los sonidos del lugar se hacían sordos y lejanos.

Eso siempre me pasaba cuando iba al baño, por eso mi abuelo me acompañaba, pero el baño era el único lugar donde yo siempre estaba sola. Recuerdo un día que detrás el closet de blancos, el cual se cubría con una cortina de regadera. provenían sutiles ruidos, como si estuvieran golpeando a la pared, mientras yo muy tranquila orinaba. Después de hacer pis, me levanté y me asomé al closet, curiosamente no tenia miedo y no porque el ruido no fuera extraño sino porque pensé que eran mi hermano y primo menores que yo, jugándome una mala broma. El closet tenñia varios anaqueles y uno llegaba hasta mis rodillas, en ese entonces yo tendría unos 6 ó 7 años y no era muy alta.

Cuando abrí cuidadosamente la cortina para darle un susto a Erick y Pepito, recuerdo que no vi en primera instancia nada, pero cuando baje la mirada a la altura del ruido, vi unos piececitos descalzos con la uñas amarillas y dando la espalda un niño con el cuerpo acartonado -parecía color sepia, como podrido- su cabello se veía grasoso o mojado. Aunque su aspecto me dio mucho asco, lo que realmente me asustó fue como tocaba “toc…toc toc…toc…toc toc” con un ritmo como si alguien estuviera encerrado y cansado, esperando que alguien lo escuchará.

Nunca vi su rostro porque su cara se dirigía hacía la pared y se encontraba encajada en el yeso. Grité al ver que era un extraño. Mi abuelo me esperaba afuera del baño, salí y lo abracé. Le pregunté si no había escuchado a un niño tocar la pared; él sólo contestó que Erick y Pepe estaban en el patio jugando. Nunca podré entender porque le pregunté eso a mi abuelo, cómo si alguien supiera como toca la pared un niño muerto.

Lo cierto es que nunca volví a asomarme en ese armario. A partir de ese día, cuando entraba al baño, dejaba la puerta entreabierta. Pensé que así podía escapar más rápido.

Después de ese día, no volví a ver nada particularmente raro en la casa de mis abuelos, hasta años después. Ciertamente, siempre escuchaba voces, lamentos y en ocasiones se oía como si se movieran las cosas de su lugar. La verdad es que un día que todos los primos nos quedamos solos en esa casa -pues los adultos se fueron a festejar a mi abuelo-, preferimos quedarnos juntos en la sala, en donde estaba la tele, pudiendo subir a dormir a los cuartos donde había una cama queen size y una king para estar cómodos todos juntos. Tal vez estoy alucinando, pero hoy en día mis primos también cuentan que escuchaban cosas en la casa.

Creo que el miedo te hace olvidar las cosas feas que lo ocasionaron, es como un mecanismo de defensa que te bloquea. Durante mucho tiempo escuché ruidos y sonidos que no podía distinguir; vi sombras, gente con aspecto extraño, algunos muy sucios, otros opacos, tantas sombras… muchas veces… demasiadas. Pero hubo un momento en que dejé de darme cuenta si estaban o no, si habían o no, hasta que dejé de mirarlos.

By Haunted Heart