Primer Encuentro
Posted on April 28th, 2007 at 3:24 am by Haunted Heart

Las personas que dicen que les dan más miedo los muertos que los vivos es porque seguramente jamás han visto a uno.

Hay ocasiones en las que me gustaría pensar eso, pero la realidad es que desde que tengo uso de razón me he enfrentado a la muerte, a través de los ojos de todos aquellos que me visitan sin pedirlo.

Contar aquella primera vez es remontarme a mi niñez, cuando tenía únicamente tres años. Aquél día jamás podré borrarlo de mi mente, es tan absurdamente claro, que cada vez que lo cuento me vuelve a nublar la mente y regreso a esa noche helada que cuarteaba mis huesos.

Seguramente ese día comencé a temerle a la oscuridad, a la soledad y al frío de la noche que se asomaba por mi ventana.

Dicen que la casa en donde vivíamos fue construida en un ejido despoblado, que poco a poco fue habitado por la construcción de pequeños condominios y departamentos. Recuerdo la calidez de mi hogar lleno de amor por mis padres y grandes momentos como aprender a patinar, correr por las calles, andar en bicicleta y la llegada del primer cachorro. Sin embargo, también recuerdo el miedo que me daba quedarme sola en mi cuarto cuando se apagaban las luces de la casa y todo se tornaba gris y frío.

Aquella noche la recuerdo como mi primer encuentro con algo inexplicable que nunca más me dejó; fue una noche como cualquiera en la que peinaba a mi prima Rocío, quien tenía trece años y había ido a cuidarme pues mi padres tenían una reunión con una pareja de vecinos.

Rocío y yo estábamos en el cuarto de mis papás viendo la televisión, creo que era el programa de… la verdad no recuerdo que programa era. Recuerdo como ella se quejaba con cada jalón que daban mis aún inútiles manos con el cepillo de cabello. Sin embargo, ella me dejaba hacerlo a pesar de su entumida cabeza. Peinar a quien se dejara era uno de mis pasatiempos preferidos. Mientras yo disfrutaba de peinarla, ella leía uno de sus comics favoritos “Susy”, una especie de novela rosa para jovencitas que estaban enamoradas del amor.

Recuerdo que se escucharon pasos en el piso de abajo, cerca de la cocina, la cual en ese momento era más una pequeña cocineta. Esa casa la estrenamos en el año de 1977, yo era un bebé apenas recién nacido y el lugar en que se construyeron las casas eran ejidos en donde sólo pastaban vacas.

Sin embargo, por lo mismo que era un lugar casi virgen, el fraccionamiento era muy tranquilo y silencioso, así que los ruidos al menos de afuera, a excepción de los grillos y el viento eran inexistentes. En las casas, como estaban pegadas unas con otras y compartían las paredes, se alcanzaba a escuchar el subir de las escaleras del vecino de junto. En ese momento en ninguna de las dos casas había nadie; en el número 5 porque habían salido de viaje -lo recuerdo perfectamente porque la niñita de esa familia era mi amiga y no había ido a jugar con ella- y el número 7 era una casa que todavía no habitaban.

Cuando Rocío se percató del ruido gritó ¿eres tú, tía? pensando que había regresado mi mamá por algo, pero nadie respondió. En ese momento se escucharon unos pasos en el pasillo de arriba, en el cual estábamos nosotras y realmente era muy pequeño, Rocío se levanto de la cama y se asomó.

Recuerdo su grito ensordecedor y la forma tan brusca con la que me cargó rápidamente. Mientras bajábamos las escaleras vi una sombra que salía del estudio, al principio pensé que no era nada pero lo que sí me asustó fue que llegó volando como una pompa de humo hacía mi. El miedo me hizo cerrar los ojos, pero todavía siento el aliento sobre mi rostro y lo pesado que se percibía el ambiente de la casa. Cuando escuché unos susurros cerca de mi oreja, tenía tanto miedo que me acurruqué en la nunca de Rocío y lo último que recuerdo es estar en la casa de la vecina de enfrente mientras mi mamá me cargaba y le preguntaba a mi prima que había pasado.

Rocío nunca alcanzó a contar bien qué paso, pero lo cierto es que yo nunca pude bajar las escaleras de mi casa y mirar hacía el estudio, porque inmediatamente me invadía el miedo y el frío aterrador de volver a ver aquélla bruma grisácea que me miraba fríamente y me llamaba vehementemente. Era como cuando uno ve una figura negra fuera de foco y lo único que alcanza a ver son los ojos, por el brillo que emana su color blanco que lo diferencia de lo opaco del cuerpo.

Creo que siempre le he tenido miedo a subir y bajar escaleras. La verdad es que en ellas siempre me encuentro en situaciones que me hacen sudar.

Written by: Silvia